El periodismo como travesía
30 de Marzo de 2009
Escribió Ryszard Kapuscinkski en “Los Viajes de Heródoto”: “…sólo anhelaba una cosa: cruzar la frontera, no importaba cuál ni dónde, porque no me importaba el fin, la meta, el destino, sino el mero acto, casi místico y trascendental de cruzar la frontera.”
El periodismo para él es travesía, peregrinaje, ruta, y camino hacia los otros. Es una manera de salir uno de uno mismo (obligación que no tienen los académicos en general) para transitar el mundo y describir para los otros la vida de los otros.
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1. Rosana Cirigliano | Marzo 31st, 2009 at 16:12
Nuestra travesía comenzó en Parque Lezama en la esquina de Brasil y Defensa. Alli, una abuela de alrededor de 70 años junto a una niña de 3 años esperaban para cruzar. La pequeña llevaba un triciclo que complicaba aún más esta empresa. Finalmente lo lograron y se alejaron del parque.
Esa misma esquina en sentido contrario fue cruzada por una joven madre con su bebé en un carrito. Dos generaciones que intercambiaron lugares y ahora la joven madre se dio a la tarea de cruzar este paseo público.
Tras su andar fue viendo un par de vagabundos que dormían la siesta en los bancos. También algunos jubilados y gente de mediana edad que solo observaban o descansaban su mirada en el paisaje.
Este clima de calma comenzó a despertar cuando el bebé junto a su madre pasaron por un lugar habitado de un grupo de alrededor de 20 personas que disputaban diferentes juegos de mesa. El chin chon, la generala y el ajedrez eran los protagonistas de ese espacio.
La tranquilidad finalmente se alteró al localizar un movil policial junto al cual se encontraba Gustavo quien comentó algo de lo que le había ocurrido.
Pero para esa altura el bebé se había asustado y su madre decidio alejarse del parque.
2. Bárbara Álvarez Plá | Marzo 31st, 2009 at 16:14
En el Parque Lezama, en el barrio de San Telmo, donde empezó todo. Donde América dió a luz a Buenos Aires, estaba sentada Florencia, en un banco viejo, verde y oxidado, bajo el agobiante sol de la tarde, que en ningún momento parecía perturbarla. Tenía 97 años, decía haberlo visto todo y por eso, me contó, ahora su mayor placer era sentarse plácidamente y dejar de mirar. Sus cabellos eran grises y estaban grasientos. Vestía un traje de otra época, color marrón, como en un eterno luto desteñido. Me dijo muy seria que hacía tiempo que ya nadie la esperaba en casa. Que las palomas, los árboles y el viento, eran ahora su familia. Reposaba en su regazo un cuaderno de hojas amarillas, ya casi escrito por completo. Con la mirada perdida hacia adentro escribía de vez en cuando alguna frase para seguir despues con su tarea diaria de alimentar a las palomas.
3. Alejandro Pérez | Marzo 31st, 2009 at 16:15
En la fila de bancas verdes que desemboca al tablero de ajedrez humano del parque Lezama Ella se sienta sola. Sus años se revelan en su blanco pelo y sus arrugas, en su mano derecha sostiene sus gafas y en la izquierda una hoja de papel, una que no lée. Las bancas cercanas albergan hombres que hablan sin cesar, y ciertos vagabundos dormidos que dejan que el sol los ilumine y apague a la vez. Ella se sienta sola, a la sombra, su ropa oscura, sus zapatos de tacón moderados, su postura rígida. Ve familias pasarle al frente, a las cuales sigue con movimientos mínimos de cuello para dirigirles su mirada, luego los deja ir, su cuelloe regresa a posición inicial y su mirada al medio que se dibuja entre los monumentos del parque y los edificios de Puerto Madero. De pronto espera alguien, o a alguien trata de olvidar, difícil saberlo será pues preferímos que su silencio nos hablara, preferimos no romper su paz.
4. Paula Glowakrzywo | Marzo 31st, 2009 at 16:16
“Bs As es su inmortalidad” dice la piedra blanca, recta y precisa donde la estatua de bronce de Pedro de Mendoza clava su flecha pesada.
Es en el Parque Lezama, unos centimetro más alto del nivel de la vereda, donde el Monumento a la Fundación mira hacia la esquina de Brasil y Defensa.
Allí, un poco más atrás o casi al lado, las hileras de bancos verdes esperan junto al silencio de los que allí se sientan. Solos o de a dos dos. Sumidos en el letargo y la soledad. Mirando un horizonte de casas y edificios viejos, de calles todavía empedradas. El silencio es tal que hay que camianr por allí sin hacer ruido.Sin arruinar ni interrumpir la ceremonia.
Están simplemente allí. Algunos solo esperan, otros parece recordar y para otros esos bancos son sus unicas camas y sus siestas. Tal vez para todos, una forma de no morir.
5. luciano pelaez | Marzo 31st, 2009 at 16:17
Parque Lezama
Todos esperan su turno: en una de las esquinas, antes de que el anfiteatro se desparrame hacia la calle Brasil, un grupo de viejos sentados a distintas mesas mata el tiempo antes de que el tiempo los mate a ellos. Juegan a los dados, a las cartas con baraja española, ajedrez. A unos metros y resignados, dos muchachos de apariencia andina atienden las preguntas de la policía. El monumento de Pedro de Menoza mira altivo hacia el cruce de Brasil y Defensa y aguarda un poco más de polvo. Alguien, otro, duerme despatarrado en la hierba, como tantos otros que lo hacen en las bancas, junto a una vacía botella verde. También espera, y en silencio, la abandonada línea del monorriel sobre la calle Defensa. Espera impasible.
6. Felipe | Marzo 31st, 2009 at 16:17
MIRADAS
Los veo.
Él toma sol.
Ella anda en bicicleta.
Él duerme.
Ellos se acarician.
Él toma mate, tose y escupe.
Ellos persiguen una pelota.
Él mea en un árbol.
Ella se tapa el sol con la mano.
Y él, inmóvil, observa todo con sus ojos amarillos: el gato negro de Parque Lezama.
También me mira a mí.
7. Hugo Illaro | Marzo 31st, 2009 at 16:18
En la intersección de Brasil y Paseo Colón, luego de atravesar una glorieta, se encuentran en línea 7 mesas y sillas de cemento ancladas al piso con el tablero pintado en negro y blanco. Una de ellas en desuso, en las contigüas tres juegan a la generala y naipes, en las próximas dos ajedrez y en la última almuerzan dos personas. A espaldas de los jugadores el anfiteatro vacío con un tablero pintado en el piso similar al anterior pero con las dimensiones necesarias para jugar un partido de ajedrez con piezas humanas. Enfrente, la policía atrapa a Víctor Daniel Drogo, de 24 años por tentativa de robo de bicicleta, según informó el Comisario primero Francisco Martinez, responsable del Parque desde hace dos años.
Los jugadores, acostumbrados a los robos y apasionados por el juego ni siquiera levantan la vista del tablero para observar el apresamiento.
8. Daniel Grunberg | Marzo 31st, 2009 at 16:18
Un hombre se nota muy nervioso en Parque Lezama. Se para y se sienta constantemente. Frota sus manos con intensidad y a su izquierda tiene una bolsa, que en su interior lleva una cerveza.
Mientras mira al horizonte, a esta persona le brilla su calvicie y de un momento a otro decide cruzar sus pies y brazos y no moverse más. Repentinamente el hombre gira su cabeza hacia la bolsa y la abre, y luego de escupir al suelo durante varias veces bebe cerveza.
Cuando termina de beber, el “Pelado” toma su bolso y se lo pone al hombro, pero no se tranquiliza. Bota al suelo los restos de cerveza y se lleva la bolsa junto a la botella como un tesoro muy preciado y camina directo hacia un árbol, donde se quita sus pantalones y se tapa con la bolsa, para no ser visto al desnudo.
El hombre se da vuelta y parece ser otro. Parece haberse sacado un peso de encima y su última acción le da fuerzas para dejar el parque y caminar en dirección a un rumbo desconocido.
9. Isabelle Cosnefroy | Marzo 31st, 2009 at 16:19
El chico tiraba piedras, piedras grises que recogía del suelo. En sus manos, tenía este juego antigüo hecho de uno pequeño trozo de madera que forma un “y” con un elástico amarillo. Tiraba piedras sobre las palomas, animales tan domesticados que no se asustaban y que ni se esforzaban a volar un metro para picotear de nuevo. No les parecía molestar aunque el chico no paraba. Tiró sobre las rejillas alrededor de la plaza de juego: aprentemente tirar sobre las palomas impavidas no le parecía tan divertido. La verdad es que el chico estaba bastante hábil, no solamente tocó la rejilla sino que casi alcanzó a la señora que caminaba lento mirando a los chicos de la plaza. Alrededor nadie no dijo nada. Ni los chicos, ni los adultos quienes los cuidaban, ni los enamorados que miraban o la demasiado prolija de la fachada de la ex-fábrica Canale. Silencio. Silencio indiferente. El chico tomó entoncés una piedra en el suelo y apuntó de nuevo las rejillas.
10. gustavo mariel | Marzo 31st, 2009 at 16:19
Gustavo se arrodilló junto a su bicicleta mientras la inspeccionaba con alivio. Tenia la rueda trasera averiada pero eso no le molestaba. Hacía unos minutos se la habian robado y ahora estaba nuevamente en su posesion. La habia recuperado.
“Se me volvió el alma”, dijo como en un suspiro “es mi herramienta de laburo.”
El incidente ocurrio cuando Gustavo estaba trabajando en una rotiseria cerca del parque Lezama. Un ladron se llevo la bicicleta que Gustavo utiliza para hacer repartos y huyo pedaliando. Un compañero de Gustavo lo corrio y aviso a la policia del parque y cuando los agentes lo divisaron, el ladron tiro la bicicleta y huyo corriendo. No llego muy lejos, la policia lo agarraró metros mas adelante.
Victor Daniel Drogo, de 24 años de edad, fue arrestado por tentativa de robo. El sargento Francisco Martinez de la comisaria 14 dijo que el ladron acababa de salir de la carcel hace 2 meses. Ahora se lo llevaban detenido nuevamente.
11. Oriana Padello | Marzo 31st, 2009 at 16:20
Quince minutos en el Lezama
Buenos Aires, Parque Lezama, último día de marzo. Es otoño y me paro frente a una hilera de árboles. Debajo de cada árbol, un largo asiento. Empiezo a transitar este largo camino. A la izquierda, un viejo sentado, solo. Sigo adelante. A la derecha, otro viejo. Sigo adelante. Salteo un asiento vacío, pero mientras continúo mi viaje, aparece más gente sentada. Sin compañía. Algunos hombres duermen a lo largo, sin despertadores. Pero la siesta se termina. Un patrullero de la policía se interpone a mi paseo. Cinco oficiales resuelven el presunto robo de una bicicleta azul, con las gomas desinfladas.
12. Carolina Paolasso | Marzo 31st, 2009 at 16:20
Como tantos otros lugares en la Ciudad de Buenos Aires, Parque Lezama parece ser ese espacio para alejarse del agobio de la gran ciudad. Todo allí denota tranquilidad. Si se observa a las personas, todas buscan ese momento para relajarse. La pareja de adolescentes que parece haberse escapado de casa para verse, un hombre durmiendo la siesta bajo el sol y otro simplemente mirando el horizonte. Chicos jugando con una pelota.
Pero quien más me llamó la atención fue una mujer que estaba almorzando sentada en uno de los bancos. Tenía todo preparado como para pasar muchas horas en el parque: comida, mate, un abrigo por las dudas, una lona por si quería dormir una siesta.
Me acerqué y le pregunté por qué venía al parque y si lo hacía seguido. Me dijo que casi todos los días. Ese lugar era lo que más le recordaba a su pueblo natal en Córdoba, la tranquilidad que allí se respira la llevaba de vuelta. Siempre había soñado con jubilarse y vivir en un lugar tranquilo, alejada de las presiones del trabajo, e ir al parque es una forma de lograrlo.También mencionó que para ella es una buena forma de conocer gente. Simplemente se sienta y espera a que alguien quiera tomar unos mates con ella. Como ella misma dijo, es uno de los lugares que le permite soñar y encontrar felicidad…
13. Andrea Rocha | Marzo 31st, 2009 at 16:20
El viejo extiende una trapo sobre la silla y se sienta. Va sacando una a una las bolsas de plástico y empieza a preparar su comida. Primero una rodaja de pan y una gran cantidad de queso crema. No es suficiente, agrega un poco más. Luego va una tajada de jamón, más queso y la otra rodaja de pan. Abre su boca e intenta un mordisco imposible. Al frente de él, una familia comparte una merienda más variada. Él insiste en el queso crema. Desperado, lo come directamente del frasco. El silencio es interrumpido por el canto frenético de unas pequeñas aves que habitan el parque Lezama. En medio del ruido, el viejo murmura “malditos pájaros de mierda”.
14. Jaime Andrés Benítez Cuartas | Marzo 31st, 2009 at 16:21
Todos tenemos un solo objetivo inicial, llegar al parque. No se cual parque, al igual que mis compañeros de curso, seguimos a quienes conocen. Todos dispersos, pero con una camino en comun. Damos vuelta en una calle y en la otra, hasta que por fin vemos un grupo de arboles. Ese tiene que ser el parque, pero qué pasa? Al parecer el parque está cerrado? El guarda del lugar custodía nuestro objetivo, impidiendo su paso.
No pasa nada, ese no es el parque, corresponde al área verde del Museo Histórico Nacional. El parque del que nos habían hablado está justo al lado. El parque de Sama es enorme, y es claro que ese es el sitio, no solo por los gigantescos arboles que en él se levantan, sino por el público que lo frecuenta.
Sin subir las escalinatas que conducen a este sitio de descanso, se puede observar a un hombre con la actitud propia de alguien que usa este parque para el descanso. Yace sobre el cesped, con su panza al descubierto, pues su traje azul no la alcanza a cubrir. Tiene una actitud despreocupada, y la cabeza apoyada en su maletín. Al parecer, lo único que a este señor le preocupa es que los árboles le proporcionen buena sombra para tener un descanso placentero.
Y como él, muchos allí utilizan el parque de diversas maneras, pero con el unico interes de descansar, pasar el tiempo, o simplemente no hacer nada.
A muy pocos pasos del hombre de ropa azul, un hombre de avanzada edad aprovecha el sol que penetra por algunos de los pocos sitios que no son protegidos por la sombra de los árboles. Solo medias, tennis y pantaloneta conforman su atuendo. Al descubierto queda su piel cobriza un poco arrugada. Con seguridad aprovecha la soleada tarde, en vista de la proximidad del frío propio del otoño.
Otro hombre, en el banco vecino tambien aprovecha los rayos del sol. Pero su postura parece la de un crucifijo. Sentado pero con los brazos extendidos. Sin embargo, su actitud no parece tan benevola ni suplicante como la de Jesucristo. Por el contrario, su mirada parece desafiar nada más que al astro rey.
Son muchas las personas de avanzada edad que frecuentan este parque. Un hombre bastante locuaz me explica que la mayoría son pensionados que vienen a encontrarse con sus amigos, jugar ajedrez, ver pasar a los demás…
Por lo visto, aquí a nadie le importa nadie, solo su descanso. Los unicos que se procuran interes son los enamorados. Un par de jovenes en una escalinatas ríen, se abrazan y se miman entre sí. Al igual que la pareja de esposos sentados junto a una de las mesas del parque. Ella lo aprisiona con sus manos, las que rodean su cuello. Noto más interes en la mirada de ella hacia él que al contrario.
Pero me llama la atención una edificiacion propia de las iglesias rusas que he visto por televisión. Un hombre de barba me explica que se trata de la Catedral Ortodoxa Griega. Sus cupulas son azules, llenas de estrellas. La veo por algún momento. Nunca había visto una.
El parque parece más una galaxia llena de mundos. Cada persona es un mundo, y todos parecen girar en en torno a la gravedad que ejerce el parque en ellos.
15. Heloísa Mendonca | Marzo 31st, 2009 at 17:04
Lezama y la crisis
Dos señores desempleados sentados en uno de los varios bancos verdes distribuidos por el parque Lezama, en San Telmo, discuten sobre la retirada de un árbol que estaba en la vereda de la otra cuadra. El motivo parece inaceptable. Un sindicato quería dar mayor visibilidad a lo siguiente cartel: esta propiedad ha sido adquirida por el sindicato de choferes de camiones para sus afiliados. Los dos hombres hablan sobre el abuso del poder de las autoridades y, por fin, reclaman de la actual situación: la crisis económica.
Una rápida mirada por el parque y es posible constatar que otros dos hombres, con el uniforme de una concesionaria de autos, ya no tienen más trabajo y hablan del mismo tema. Están ahí, sentados en otro banco verde, rogando por una nueva oportunidad. El único que pasa apurado y trabajando es el paseador de perros y, claro, la policía, que recién arrestó un joven que intentó robar al grupo de ancianos que jugaban truco.
16. Miguel Arturo Domínguez Flores | Abril 1st, 2009 at 18:05
Un cartel arrancado a medias deja ver, a pesar de todo, la foto de un perro. “Me abandonaron en el Parque Lezama”, se alcanza a leer.
Es un animal blanco con orejas y manchas negras, muy parecido a uno de los cinco que pelean por un cacho de sombra. Junto a ellos, el chico que los cuida. Ahora duerme, mientras se gana unos pesos. En Buenos Aires, alguna gente no tiene tiempo para sus perros,
unos pagan para que los cuiden, otros los abandonan en el Parque Lezama.
17. gustavo mariel | Abril 2nd, 2009 at 8:56
Se le “volvio el alma” al recuperar la bicicleta.
18. Alejandro Pérez | Abril 7th, 2009 at 12:44
Su silencio habla.
19. Texto colectivo | Abril 7th, 2009 at 14:31
Un gato mira 97 años de historia
La diversidad en parque lezama, un lugar para soñar.
El árbol que hace de baño.Los que no levantan la vista del tablero.Uno recuperó la bicicleta.La gente no tiene tiempo para sus perros.
La crisis.
En Parque Lezama la gente espera para no morir.
20. Alejandro Pérez | Abril 10th, 2009 at 0:18
Sobre el elefante blanco en la sala de nuestro fútbol latino click al nombre, opiniones serán muy agradecidas.
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