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	<title>Comentarios en: El periodismo como travesía</title>
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	<description>Otro weblog más de WordPress</description>
	<pubDate>Fri, 30 Jul 2010 16:18:13 +0000</pubDate>
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		<title>Por: Alejandro Pérez</title>
		<link>http://www.lanoticiadeseada.com/2009/03/30/el-periodismo-como-travesia/comment-page-1/#comment-10775</link>
		<dc:creator>Alejandro Pérez</dc:creator>
		<pubDate>Fri, 10 Apr 2009 03:18:19 +0000</pubDate>
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		<description>Sobre el elefante blanco en la sala de nuestro fútbol latino click al nombre, opiniones serán muy agradecidas.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Sobre el elefante blanco en la sala de nuestro fútbol latino click al nombre, opiniones serán muy agradecidas.</p>
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		<title>Por: Texto colectivo</title>
		<link>http://www.lanoticiadeseada.com/2009/03/30/el-periodismo-como-travesia/comment-page-1/#comment-10772</link>
		<dc:creator>Texto colectivo</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Apr 2009 17:31:24 +0000</pubDate>
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		<description>Un gato mira 97 años de historia
La diversidad en parque lezama, un lugar para soñar. 
El árbol que hace de baño.Los que no levantan la vista del tablero.Uno recuperó la bicicleta.La gente no tiene tiempo para sus perros.
La crisis.
En Parque Lezama la gente espera para no morir.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Un gato mira 97 años de historia<br />
La diversidad en parque lezama, un lugar para soñar.<br />
El árbol que hace de baño.Los que no levantan la vista del tablero.Uno recuperó la bicicleta.La gente no tiene tiempo para sus perros.<br />
La crisis.<br />
En Parque Lezama la gente espera para no morir.</p>
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		<title>Por: Alejandro Pérez</title>
		<link>http://www.lanoticiadeseada.com/2009/03/30/el-periodismo-como-travesia/comment-page-1/#comment-10771</link>
		<dc:creator>Alejandro Pérez</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 07 Apr 2009 15:44:23 +0000</pubDate>
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		<description>Su silencio habla.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Su silencio habla.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: gustavo mariel</title>
		<link>http://www.lanoticiadeseada.com/2009/03/30/el-periodismo-como-travesia/comment-page-1/#comment-10769</link>
		<dc:creator>gustavo mariel</dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Apr 2009 11:56:21 +0000</pubDate>
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		<description>Se le "volvio el alma" al recuperar la bicicleta.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Se le &#8220;volvio el alma&#8221; al recuperar la bicicleta.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: Miguel Arturo Domínguez Flores</title>
		<link>http://www.lanoticiadeseada.com/2009/03/30/el-periodismo-como-travesia/comment-page-1/#comment-10768</link>
		<dc:creator>Miguel Arturo Domínguez Flores</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 01 Apr 2009 21:05:37 +0000</pubDate>
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		<description>Un cartel arrancado a medias deja ver, a pesar de todo, la foto de un perro. “Me abandonaron en el Parque Lezama”, se alcanza a leer.
Es un animal blanco con orejas y manchas negras, muy parecido a uno de los cinco que pelean por un cacho de sombra. Junto a ellos, el chico que los cuida. Ahora duerme, mientras se gana unos pesos. En Buenos Aires, alguna gente no tiene tiempo para sus perros,
unos pagan para que los cuiden, otros los abandonan en el Parque Lezama.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Un cartel arrancado a medias deja ver, a pesar de todo, la foto de un perro. “Me abandonaron en el Parque Lezama”, se alcanza a leer.<br />
Es un animal blanco con orejas y manchas negras, muy parecido a uno de los cinco que pelean por un cacho de sombra. Junto a ellos, el chico que los cuida. Ahora duerme, mientras se gana unos pesos. En Buenos Aires, alguna gente no tiene tiempo para sus perros,<br />
unos pagan para que los cuiden, otros los abandonan en el Parque Lezama.</p>
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	<item>
		<title>Por: Heloísa Mendonca</title>
		<link>http://www.lanoticiadeseada.com/2009/03/30/el-periodismo-como-travesia/comment-page-1/#comment-10767</link>
		<dc:creator>Heloísa Mendonca</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 31 Mar 2009 20:04:38 +0000</pubDate>
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		<description>Lezama y la crisis 

Dos señores desempleados sentados en uno de los varios bancos verdes distribuidos por el parque Lezama, en San Telmo, discuten sobre la retirada de un árbol que estaba en la vereda de la otra cuadra. El motivo parece inaceptable. Un sindicato quería dar  mayor visibilidad a lo siguiente cartel: esta propiedad ha sido adquirida por el sindicato de choferes de camiones para sus afiliados. Los dos hombres hablan sobre el abuso del poder de las autoridades y, por fin, reclaman de la actual situación: la crisis económica.

Una rápida mirada por el parque y es posible constatar que otros dos hombres, con el uniforme de una concesionaria de autos, ya no tienen más trabajo y hablan del mismo tema. Están ahí, sentados en otro banco verde, rogando por una nueva oportunidad. El único que pasa apurado y trabajando es el paseador de perros y, claro, la policía, que recién arrestó un joven que intentó robar al grupo de ancianos que jugaban truco.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Lezama y la crisis </p>
<p>Dos señores desempleados sentados en uno de los varios bancos verdes distribuidos por el parque Lezama, en San Telmo, discuten sobre la retirada de un árbol que estaba en la vereda de la otra cuadra. El motivo parece inaceptable. Un sindicato quería dar  mayor visibilidad a lo siguiente cartel: esta propiedad ha sido adquirida por el sindicato de choferes de camiones para sus afiliados. Los dos hombres hablan sobre el abuso del poder de las autoridades y, por fin, reclaman de la actual situación: la crisis económica.</p>
<p>Una rápida mirada por el parque y es posible constatar que otros dos hombres, con el uniforme de una concesionaria de autos, ya no tienen más trabajo y hablan del mismo tema. Están ahí, sentados en otro banco verde, rogando por una nueva oportunidad. El único que pasa apurado y trabajando es el paseador de perros y, claro, la policía, que recién arrestó un joven que intentó robar al grupo de ancianos que jugaban truco.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: Jaime Andrés Benítez Cuartas</title>
		<link>http://www.lanoticiadeseada.com/2009/03/30/el-periodismo-como-travesia/comment-page-1/#comment-10764</link>
		<dc:creator>Jaime Andrés Benítez Cuartas</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 31 Mar 2009 19:21:34 +0000</pubDate>
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		<description>Todos tenemos un solo objetivo inicial, llegar al parque.  No se cual parque, al igual que mis compañeros de curso, seguimos a quienes conocen.  Todos dispersos, pero con una camino en comun. Damos vuelta en una calle y en la otra, hasta que por fin vemos un grupo de arboles.  Ese tiene que ser el parque, pero qué pasa? Al parecer el parque está cerrado? El guarda del lugar custodía nuestro objetivo, impidiendo su paso.

No pasa nada, ese no es el parque, corresponde al área verde del Museo Histórico Nacional.  El parque del que nos habían hablado está justo al lado. El parque de Sama es enorme, y es claro que ese es el sitio, no solo por los gigantescos arboles que en él se levantan, sino por el público que lo frecuenta.

Sin subir las escalinatas que conducen a este sitio de descanso, se puede observar a un hombre con la actitud propia de alguien que usa este parque para el descanso.  Yace sobre el cesped, con su panza al descubierto, pues su traje azul no la alcanza a cubrir.  Tiene una actitud despreocupada, y la cabeza apoyada en su maletín. Al parecer, lo único que a este señor le preocupa es que los árboles le proporcionen buena sombra para tener un descanso placentero.

Y como él, muchos allí utilizan el parque de diversas maneras, pero con el unico interes de descansar, pasar el tiempo, o simplemente no hacer nada.

A muy pocos pasos del hombre de ropa azul, un hombre de avanzada edad aprovecha el sol que penetra por algunos de los pocos sitios que no son protegidos por la sombra de los árboles.  Solo medias, tennis y pantaloneta conforman su atuendo.  Al descubierto queda su piel cobriza un poco arrugada.  Con seguridad aprovecha la soleada tarde, en vista de la proximidad del frío propio del otoño.

Otro hombre, en el banco vecino tambien aprovecha los rayos del sol. Pero su postura parece la de un crucifijo. Sentado pero con los brazos extendidos.  Sin embargo, su actitud no parece tan benevola ni suplicante como la de Jesucristo.  Por el contrario, su mirada parece desafiar nada más que al astro rey.

Son muchas las personas de avanzada edad que frecuentan este parque.  Un hombre bastante locuaz me explica que la mayoría son pensionados que vienen a encontrarse con sus amigos, jugar ajedrez, ver pasar a los demás...

Por lo visto, aquí a nadie le importa nadie, solo su descanso. Los unicos que se procuran interes son los enamorados.  Un par de jovenes en una escalinatas ríen, se abrazan y se miman entre sí.  Al igual que la pareja de esposos sentados junto a una de las mesas del parque.  Ella lo aprisiona con sus manos, las que rodean su cuello.  Noto más interes en la mirada de ella hacia él que al contrario.

Pero me llama la atención una edificiacion propia de las iglesias rusas que he visto por televisión.  Un hombre de barba me explica que se trata de la Catedral Ortodoxa Griega.  Sus cupulas son azules, llenas de estrellas. La veo por algún momento.  Nunca había visto una.

El parque parece más una galaxia llena de mundos. Cada persona es un mundo, y todos parecen girar en en torno a la gravedad que ejerce el parque en ellos.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Todos tenemos un solo objetivo inicial, llegar al parque.  No se cual parque, al igual que mis compañeros de curso, seguimos a quienes conocen.  Todos dispersos, pero con una camino en comun. Damos vuelta en una calle y en la otra, hasta que por fin vemos un grupo de arboles.  Ese tiene que ser el parque, pero qué pasa? Al parecer el parque está cerrado? El guarda del lugar custodía nuestro objetivo, impidiendo su paso.</p>
<p>No pasa nada, ese no es el parque, corresponde al área verde del Museo Histórico Nacional.  El parque del que nos habían hablado está justo al lado. El parque de Sama es enorme, y es claro que ese es el sitio, no solo por los gigantescos arboles que en él se levantan, sino por el público que lo frecuenta.</p>
<p>Sin subir las escalinatas que conducen a este sitio de descanso, se puede observar a un hombre con la actitud propia de alguien que usa este parque para el descanso.  Yace sobre el cesped, con su panza al descubierto, pues su traje azul no la alcanza a cubrir.  Tiene una actitud despreocupada, y la cabeza apoyada en su maletín. Al parecer, lo único que a este señor le preocupa es que los árboles le proporcionen buena sombra para tener un descanso placentero.</p>
<p>Y como él, muchos allí utilizan el parque de diversas maneras, pero con el unico interes de descansar, pasar el tiempo, o simplemente no hacer nada.</p>
<p>A muy pocos pasos del hombre de ropa azul, un hombre de avanzada edad aprovecha el sol que penetra por algunos de los pocos sitios que no son protegidos por la sombra de los árboles.  Solo medias, tennis y pantaloneta conforman su atuendo.  Al descubierto queda su piel cobriza un poco arrugada.  Con seguridad aprovecha la soleada tarde, en vista de la proximidad del frío propio del otoño.</p>
<p>Otro hombre, en el banco vecino tambien aprovecha los rayos del sol. Pero su postura parece la de un crucifijo. Sentado pero con los brazos extendidos.  Sin embargo, su actitud no parece tan benevola ni suplicante como la de Jesucristo.  Por el contrario, su mirada parece desafiar nada más que al astro rey.</p>
<p>Son muchas las personas de avanzada edad que frecuentan este parque.  Un hombre bastante locuaz me explica que la mayoría son pensionados que vienen a encontrarse con sus amigos, jugar ajedrez, ver pasar a los demás&#8230;</p>
<p>Por lo visto, aquí a nadie le importa nadie, solo su descanso. Los unicos que se procuran interes son los enamorados.  Un par de jovenes en una escalinatas ríen, se abrazan y se miman entre sí.  Al igual que la pareja de esposos sentados junto a una de las mesas del parque.  Ella lo aprisiona con sus manos, las que rodean su cuello.  Noto más interes en la mirada de ella hacia él que al contrario.</p>
<p>Pero me llama la atención una edificiacion propia de las iglesias rusas que he visto por televisión.  Un hombre de barba me explica que se trata de la Catedral Ortodoxa Griega.  Sus cupulas son azules, llenas de estrellas. La veo por algún momento.  Nunca había visto una.</p>
<p>El parque parece más una galaxia llena de mundos. Cada persona es un mundo, y todos parecen girar en en torno a la gravedad que ejerce el parque en ellos.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: Andrea Rocha</title>
		<link>http://www.lanoticiadeseada.com/2009/03/30/el-periodismo-como-travesia/comment-page-1/#comment-10763</link>
		<dc:creator>Andrea Rocha</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 31 Mar 2009 19:20:47 +0000</pubDate>
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		<description>El viejo extiende una trapo sobre la silla y se sienta. Va sacando una a una las bolsas de plástico y empieza a preparar su comida. Primero una rodaja de pan y una gran cantidad de queso crema. No es suficiente, agrega un poco más. Luego va una tajada de jamón, más queso y la otra rodaja de pan. Abre su boca e intenta un mordisco imposible. Al frente de él, una familia comparte una merienda más variada. Él insiste en el queso crema. Desperado, lo come directamente del frasco. El silencio es interrumpido por el canto frenético de unas pequeñas aves que habitan el parque Lezama. En medio del ruido, el viejo murmura “malditos pájaros de mierda”.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>El viejo extiende una trapo sobre la silla y se sienta. Va sacando una a una las bolsas de plástico y empieza a preparar su comida. Primero una rodaja de pan y una gran cantidad de queso crema. No es suficiente, agrega un poco más. Luego va una tajada de jamón, más queso y la otra rodaja de pan. Abre su boca e intenta un mordisco imposible. Al frente de él, una familia comparte una merienda más variada. Él insiste en el queso crema. Desperado, lo come directamente del frasco. El silencio es interrumpido por el canto frenético de unas pequeñas aves que habitan el parque Lezama. En medio del ruido, el viejo murmura “malditos pájaros de mierda”.</p>
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	</item>
	<item>
		<title>Por: Carolina Paolasso</title>
		<link>http://www.lanoticiadeseada.com/2009/03/30/el-periodismo-como-travesia/comment-page-1/#comment-10762</link>
		<dc:creator>Carolina Paolasso</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 31 Mar 2009 19:20:28 +0000</pubDate>
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		<description>Como tantos otros lugares en la Ciudad de Buenos Aires, Parque Lezama parece ser ese espacio para alejarse del agobio de la gran ciudad. Todo allí denota tranquilidad. Si se observa a las personas, todas buscan ese momento para relajarse. La pareja de adolescentes que parece haberse escapado de casa para verse, un hombre durmiendo la siesta bajo el sol y otro simplemente mirando el horizonte. Chicos jugando con una pelota. 
Pero quien más me llamó la atención fue una mujer que estaba almorzando sentada en uno de los bancos. Tenía todo preparado como para pasar muchas horas en el parque: comida, mate, un abrigo por las dudas, una lona por si quería dormir una siesta. 
Me acerqué y le pregunté por qué venía al parque y si lo hacía seguido. Me dijo que casi todos los días. Ese lugar era lo que más le recordaba a su pueblo natal en Córdoba, la tranquilidad que allí se respira la llevaba de vuelta. Siempre había soñado con jubilarse y vivir en un lugar tranquilo, alejada de las presiones del trabajo, e ir al parque es una forma de lograrlo.También mencionó que  para ella es una buena forma de conocer gente. Simplemente se sienta y espera a que alguien quiera tomar unos mates con ella. Como ella misma dijo, es uno de los lugares que le permite soñar y encontrar felicidad...</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Como tantos otros lugares en la Ciudad de Buenos Aires, Parque Lezama parece ser ese espacio para alejarse del agobio de la gran ciudad. Todo allí denota tranquilidad. Si se observa a las personas, todas buscan ese momento para relajarse. La pareja de adolescentes que parece haberse escapado de casa para verse, un hombre durmiendo la siesta bajo el sol y otro simplemente mirando el horizonte. Chicos jugando con una pelota.<br />
Pero quien más me llamó la atención fue una mujer que estaba almorzando sentada en uno de los bancos. Tenía todo preparado como para pasar muchas horas en el parque: comida, mate, un abrigo por las dudas, una lona por si quería dormir una siesta.<br />
Me acerqué y le pregunté por qué venía al parque y si lo hacía seguido. Me dijo que casi todos los días. Ese lugar era lo que más le recordaba a su pueblo natal en Córdoba, la tranquilidad que allí se respira la llevaba de vuelta. Siempre había soñado con jubilarse y vivir en un lugar tranquilo, alejada de las presiones del trabajo, e ir al parque es una forma de lograrlo.También mencionó que  para ella es una buena forma de conocer gente. Simplemente se sienta y espera a que alguien quiera tomar unos mates con ella. Como ella misma dijo, es uno de los lugares que le permite soñar y encontrar felicidad&#8230;</p>
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	<item>
		<title>Por: Oriana Padello</title>
		<link>http://www.lanoticiadeseada.com/2009/03/30/el-periodismo-como-travesia/comment-page-1/#comment-10761</link>
		<dc:creator>Oriana Padello</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 31 Mar 2009 19:20:11 +0000</pubDate>
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		<description>Quince minutos en el Lezama

Buenos Aires, Parque Lezama, último día de marzo. Es otoño y me paro frente a una hilera de árboles. Debajo de cada árbol, un largo asiento. Empiezo a transitar este largo camino. A la izquierda, un viejo sentado, solo. Sigo adelante. A la derecha, otro viejo. Sigo adelante. Salteo un asiento vacío, pero mientras continúo mi viaje, aparece más gente sentada. Sin compañía. Algunos hombres duermen a lo largo, sin despertadores. Pero la siesta se termina. Un patrullero de la policía se interpone a mi paseo. Cinco oficiales resuelven el presunto robo de una bicicleta azul, con las gomas desinfladas.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Quince minutos en el Lezama</p>
<p>Buenos Aires, Parque Lezama, último día de marzo. Es otoño y me paro frente a una hilera de árboles. Debajo de cada árbol, un largo asiento. Empiezo a transitar este largo camino. A la izquierda, un viejo sentado, solo. Sigo adelante. A la derecha, otro viejo. Sigo adelante. Salteo un asiento vacío, pero mientras continúo mi viaje, aparece más gente sentada. Sin compañía. Algunos hombres duermen a lo largo, sin despertadores. Pero la siesta se termina. Un patrullero de la policía se interpone a mi paseo. Cinco oficiales resuelven el presunto robo de una bicicleta azul, con las gomas desinfladas.</p>
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